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Artículos de empresas de tecnología de alimentos

Desde el mortero y el almirez a las micras

15 de marzo, 2018 Reportajes comentarios Bookmark and Share
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Una breve historia del mezclado de ingredientes.

Desconocemos el momento exacto en el que una persona decidió hacer una mezcla intencionada de ingredientes para su alimentación, pero sí sabemos que ocurrió hace muchos, muchos años...

Y es que existen pruebas fehacientes de que la especie humana comenzó a mezclar ingredientes para su propio consumo hace ya 32.000 años. Los investigadores han encontrado las primeras herramientas para la molienda en Italia, Rusia y la República Checa, demostrando que los primeros humanos molían en burdos morteros y golpeando con mazos totora, raíces de helecho y las semillas de hierbas salvajes, incluyendo en la mezcla agua para elaborar una pasta similar a las gachas o la polenta. Esta pasta resultaba más fácil de comer, y cuando se llegó a cocer sobre una piedra caliente, dio como resultado el primer pan.

Algunos de los primeros dispositivos para el mezclado no implicaban el empleo de herramienta alguna para mezclar. Por el contrario, consistían en contenedores elaborados con las tripas de algún animal o una bota hecha de cuero – que se agitaba para así obtener algunos de nuestros alimentos procesados más antiguos, como el yogur o la mantequilla de leche de cabra u oveja. Los científicos opinan que este proceso se descubrió por accidente hace unos 8.500 años cuando la leche animal almacenada en una bota de cuero fue mezclada, y en parte fermentada, gracias al movimiento y al calor corporal, mientras nuestros antepasados nómadas viajaban de un lado a otro del planeta.

Poco después, los humanos comenzaron a emplear prensas, cubas y rudimentarias cucharas elaboradas con madera o hueso para mezclar y fermentar granos y frutas y así obtener cervezas y vino. En Asia, los humanos comenzaron a emplear recipientes cerámicos para preparar y cocinar sopas de pescado. En el continente americano, por su parte, los humanos emplearon contenedores para el mezclado que llenaron con semillas de cacao descascarilladas y agua para elaborar una bebida espumosa. Y en el norte de Europa, tanto los sami (lapones) como los vikingos emplearon ramas de abedul para batir diferentes ingredientes.

Pero a medida que avanzaba la civilización humana, y se hacía más compleja con el paso de los años, las técnicas de mezclado permanecieron casi inalterables durante milenios. No fue hasta el comienzo del siglo XIX cuando, en una oleada de innovación, asistimos al nacimiento de nuestra moderna tecnología de mezclado.

A comienzos de 1856, la batidora de huevos movida a manivela supuso toda una revolución, ya que hacía más sencilla la elaboración de emulsiones a base de huevos, como la mayonesa. Este dispositivo, aparentemente sencillo, tiene más de 1.000 patentes. Después, en 1885, se concedió la primera patente para una batidora de huevos eléctrica, y como se suele decir, el resto es historia.

Desde entonces, la innovación en la mezcla industrial no ha dejado de avanzar. En la actualidad, dependemos cada vez más de tecnologías sofisticadas de mezclado, dirigidas a eliminar el aire y lograr un tamaño de las gotas de los líquidos más pequeños – tan pequeños como una micra – para una mayor calidad y estabilidad de los alimentos y las bebidas, a la vez que se consigue una mayor eficiencia y flexibilidad para mezclar una variedad más grande de productos, con un único equipo de mezclado.

Para leer más sobre la tecnología del mezclado actual más avanzada para descubrir por qué es importante mantener el aire fuera de los alimentos y cómo se logra, consiga el libro blanco de la mayonesa de Tetra Pak.

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