9 de septiembre, 2026
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La agricultura afronta una creciente presión sobre el suelo y el agua, con más del 60% de la degradación de tierras de origen humano concentrada en terrenos agrícolas.

La agricultura afronta el reto de garantizar la producción de alimentos en un escenario de creciente presión sobre recursos esenciales como el suelo y el agua. Más del 60% de la degradación de las tierras provocada por la actividad humana se produce en terrenos agrícolas y la agricultura concentra más del 70% de las extracciones de agua dulce a escala mundial, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
 
El reto es especialmente relevante en Europa, donde entre el 60% y el 70% de los suelos se encuentran en un estado no saludable. Además, en 2025 la sequía severa afectó a cerca de 928.000 km² y alrededor de 112.000 km² de tierras de cultivo no recuperaron sus niveles habituales de productividad vegetal, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.
 
Ante este escenario, con motivo del Día Mundial de la Agricultura, que se cdelebra el 9 de septiembre, desde la Asociación Española de Bioempresas (AseBio) ponemos el foco en el potencial de la innovación biotecnológica para avanzar hacia una agricultura más sostenible y regenerativa, capaz de recuperar la salud y fertilidad de los suelos, mejorar la gestión de los recursos y aumentar la resiliencia de los cultivos. 

Microalgas para actuar sobre el suelo y los cultivos 

Una de las soluciones que están ganando protagonismo son los bioestimulantes desarrollados a partir de microalgas. Su diversidad metabólica permite obtener compuestos que pueden actuar tanto sobre el suelo como directamente sobre las plantas.
 
En el suelo, las microalgas contribuyen a activar los ciclos de carbono y nitrógeno y estimular las comunidades microbianas, favoreciendo el ciclado y la disponibilidad de nutrientes. También pueden mejorar aspectos relacionados con su estructura y retención de agua. Sobre las plantas, pueden contribuir a activar mecanismos de tolerancia y recuperación frente a situaciones de estrés como la sequía, la salinidad o los golpes de calor.
 
“Esa riqueza permite formular bioestimulantes que actúan simultáneamente sobre el suelo y sobre la planta, que es exactamente lo que exige un enfoque regenerativo”, explica Carlos Rodríguez-Villa Förster, CEO y Founding Partner de Phoenix Biosolutions, socio de AseBio.
 
A ello se suma la sostenibilidad de su producción: las microalgas se producen fijando CO₂ y sin competir por suelo agrícola ni por agua dulce de calidad. Para Rodríguez-Villa, aprovechar estos organismos supone “volver al origen de las plantas para encontrar la solución del futuro”. 

El reto de trasladar la innovación al campo 

El desarrollo de nuevas soluciones biológicas debe ir acompañado de modelos que permitan su utilización de forma competitiva y a gran escala. Phoenix Biosolutions trabaja en un modelo Technology as a Service que traslada la tecnología de producción de bioestimulantes al punto de uso, en lugar de transportar el producto terminado desde una planta central.
 
Este planteamiento permite producir localmente en cooperativas, distribuidores o explotaciones, disponer de producto fresco y biológicamente activo en el momento de la aplicación y adaptar las soluciones a las características del cultivo, el suelo, el agua y los periodos de estrés. También busca reducir los costes asociados al transporte y conseguir cadenas de suministro más resilientes.
 
Para acelerar la llegada de estas innovaciones al campo, desde Phoenix señalan cuatro elementos fundamentales: evidencia agronómica robusta, un marco regulatorio favorable a la innovación, formación y asesoramiento técnico, y automatización y facilidad de uso.
 
La incorporación de soluciones biológicas requiere, además, transformar determinadas prácticas agrícolas. “Adoptar soluciones biológicas no es sustituir un producto por otro: es un cambio de manejo”, señala Rodríguez-Villa, quien destaca que “sin acompañamiento técnico, la mejor tecnología no llega a la parcela”.
 
Desde AseBio destacamos así el potencial de la biotecnología aplicada a la agricultura para desarrollar nuevas herramientas que contribuyan a recuperar la salud del suelo, aumentar la resiliencia de los cultivos y avanzar hacia modelos agrícolas más sostenibles, así como la necesidad de facilitar que estas innovaciones puedan trasladarse de manera efectiva y competitiva al campo.

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